Desde hace varios siglos el perro es considerado el animal doméstico por excelencia y el mejor amigo del hombre.
Sin embargo, en los últimos años, comenzó a circular en los medios de comunicación el concepto de “razas potencialmente peligrosas”.
Este nuevo rótulo afecta a las razas: pitbull, rottweiler, staffordshire bull terrier, american staffordshire terrier, mastín napolitano, dogo argentino, fila brasileño, akita inu y tosa inu.
Algunos países, como España, legislaron la tenencia estos canes obligando a sus dueños a esterilizarlos, contratar un seguro por siniestro y prohibir su ingreso en espacios públicos.
Pero “hecha la ley, hecha la trampa”: lo que pretendía ser una medida de precaución contra posibles futuros ataques se leyó como un peligro inminente indiscriminado y se tradujo en un abandono masivo de perros pertenecientes a estas razas "peligrosas".
Por ejemplo, en Andalucía el 80 por ciento de los dueños de estas mascotas las abandonaron o las entregaron a entidades protectoras, muchas de las cuales, a su vez, se resisten a incluirlos en los circuitos de adopción.
Esta normativa respecto a las "razas peligrosas" generó una polémica entre los amantes de las mascotas centrada en las siguientes cuestiones:
- La prohibición de razas es acompañada de sacrificios, en muchas ocasiones.
- No hay razas que muestren genéticamente un carácter violento, según las evidencias existentes.
- El carácter del perro depende del carácter del dueño, en gran parte.
- La responsabilidad de los dueños en la crianza y en la educación de estas mascotas muchas veces se caracteriza por la desidia, los malos tratos y la falta de información.
Como aporte a este debate habría que considerar también la necesidad de localizar la agresividad como sociedad y como individuo social.
Por ejemplo, se sabe que muchos perros de razas probablemente más agresivas que otras son entrenados para atacar e incluso para matar. Es decir que se potencia su agresividad porque algunas personas, en lugar de tener un arma en su casa, optan por tener un perro que cumpla esa función: hacen de un perro un arma.
¿Quién es el violento en este caso? ¿Y si en cambio a ese mismo perro se lo criase en un ambiente de cariño?
Muchos veterinarios y etólogos coinciden en que cualquier perro puede morder y que, si bien hay razas agresivas, existe una relación directamente proporcional entre el comportamiento de un animal y su entorno. En este sentido, concluyen que la “peligrosidad” no tiene que ver con las razas sino con la educación recibida por las mascotas.
Por otra parte, el procedimiento de identificación de perros peligrosos es tan siniestro y peligroso como el castigo que cae sobre ellos: según la ley, son potencialmente peligrosos todos los perros que pesan más de 20 kilos y que tienen cabeza y cuello anchos, pelo corto, mejillas musculosas y aspecto robusto. Sinceramente, da más miedo la ley que los perros.
Se Admiten Mascotas se suma a los amantes de los animales que creen que aún queda mucho por revisar y corregir al respecto. Fundamentalmente, informar adecuadamente a los ciudadanos para evitar el pánico, la confusión y la ignorancia, que solo sirven para fomentar campañas de abandono y desprotección de los mejores amigos del hombre.